Lázaro (David Castillo), un joven de Sevilla, Mei (Valentina Shen Wu), una tejedora de seda china y Baptiste (Jean Jean), un desertar haitiano del ejercito francés coinciden en Santo Domingo, en la isla conocida como La Española. Es 1819 y en dicho espacio, en dicha isla, lxs tres buscan un lugar donde sobrevivir a la violencia colonial, desde sus posiciones individuales y sus contextos. Una supervivencia que intentan llevar creando una fábrica de seda en alianza con el arzobispo, mientras el ejercito francés intenta colonizar toda la isla de La Española. Un cruce de violencias que les llevará al capitalismo como única forma relacional, todo ‘Bajo el mismo sol’ y en la misma tierra.
Un espacio que dibuja el director Ulises Porra desde lo cotidiano, desde la historia de la cotidianidad, del gesto, donde se instaura la violencia del capital en las acciones cotidianas que emprenden lxs personajes. Una historia de la cotidianidad de la colonización donde observamos el modo en que el capitalismo como modo relacional es guiado por la violencia explícita e implícita que de él emana. Una violencia que atraviesa al sujetx y que, como vemos, modifica su conducta para con la otredad. Una conducta que acarrea la destrucción como único modo de poder. Y un poder, basado en dicha destrucción, que sólo se reproduce en ésta.
‘Bajo el mismo sol’ se sumerge en la historia colonial de lo cotidiano para mostrarnos personajes atrapados en un contexto específico en el que son atravesados por el capital como único modo de relacionarse entre ellxs. Un capital relacional que no vislumbra otras posibilidades porque la violencia le sirve como modo para establecerse y la destrucción para permanecer en el tiempo. Un tiempo que, en el gesto diario que nos muestra el director durante el metraje, invade a lxs personajes en el colapso, sin dejarles ver más allá.

